Mi hijo tiene miedo

Actualizado: 26 de dic de 2020

“Pasamos caminando por la banqueta cerca de una casa y un perro ladró y desde ese momento mi hijo ya no quiere pasar por ahí”, “Llega a mi cama a media noche porque tiene miedo”, “No quiere entrar a la fiesta porque hay muchos niños”.

Probablemente hemos escuchado que el miedo nos invita a protegernos, avisa de riesgos, nos pone alertas con el fin de sentirnos seguros. El miedo se siente en los músculos grandes: brazos y piernas, para que podamos alejarnos del peligro. El miedo es temporal en el aquí y ahora.

Como adultos, podemos observar el miedo de los niños en su cuerpo: tiemblan, gritan, corren, se quedan congelados. En algunas ocasiones, ellos pueden identificar el miedo y nos platican sobre lo que se los causa, en otras ocasiones solo con observarlos, lo notamos. El papel del adulto es identificar y leer a nuestros niños para acompañarlos y guiarlos, ya sea que nos digan que tienen miedo o no.

“Me dijo que tenía miedo de que me muriera, le empecé a explicar por qué no pasaría”. Muchas veces, la intervención que realiza un adulto es cognitiva “no mi vida, siempre estaré contigo”. Es importante considerar los siguientes puntos:

  1. Cuando un niño está en modo alerta y le hablan o le explican cosas, se pone más alerta. El cerebro cognitivo está bloqueado, las palabras, por lo tanto, le alteran más, necesita que lo ayudemos a tranquilizarse primero.

  2. Lo que los niños buscan es la sensación de seguridad. Antes de los 6 años, los niños la obtienen de la presencia del adulto. Cuando yo le explico, la sensación no cambia, cuando lo acompaño primero a tranquilizarse, la sensación de seguridad se integra al cuerpo, entonces si estoy listo para conocer o manipular el objeto o situación que me causó miedo.

  3. Aún tranquilo, necesita tener muchos momentos para familiarizarse con el objeto. Por eso, muchos niños no permiten que se les enfrente al estímulo la primera vez que están tranquilos. Como cuando empiezan a comer. Si introducimos la manzana, primero la tocarán, aplastarán, olerán, la untarán por su boca, la probarán y escupirán y cuando les sea familiar, ya podrán comerla.

  4. Ante cualquier objeto o situación que detona el miedo, primero es necesario retirar el detonante.

  5. Como adultos no hay que buscar eliminar el miedo. Sentirlo es una habilidad que trae muchos beneficios, es una herramienta que los protegerá siempre. Se debe buscar enseñarles nuevas formas de expresión con su cuerpo más asertivas.

  6. Se debe buscar que, en la calma, el niño externe el miedo: lo dibuje, cante, juegue con algo parecido, le brinda la seguridad para saber que puede con él.

  7. El tema del miedo es que algo que se percibe como amenaza ya sea de manera real o no real. El miedo siempre es real, la amenaza puede o no serlo. El mensaje de parte de los niños es "Ayúdame a sentirme protegido".

Es necesario que el niño se familiarice con aquello que les da miedo. Los niños empiezan a conocer el mundo. Para propiciar la exploración, es necesaria la presencia del adulto para que juntos lo realicen en calma y así se les enseñe poco a poco lo que es.

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